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En este recorrido por nuestra cultura, de lo popular llegamos a lo histórico.
Dejando aparte Coria, es Galisteo el conjunto más destacado. Su
original muralla musulmana del s..XI., realizada enteramente con cantos
rodados del río Jerte, acoge a la Iglesia de Santa María
con un curioso ábside mudéjar, un castillo reconvertido
en un palacio renacentista y conocido secularmente como la Picota y un
caserío de interés. Un bello puente del s. XVI se inserta
en un acogedora zona de baño, poco antes de alimentar al río
Alagón. Puentes y aceñas son abundantes a lo largo de su
curso, como no podía ser de otro modo en una zona tan antigua y
persistentemente humanizada.
Ya hablamos de la antigüedad de algunos yacimientos, ya en periodo
histórico es Coria quien nos muestra una secuencia mas amplia,
pero no podemos obviar la fortaleza de la Orden de Alcántara en
Portezuelo : es una estupenda puerta de entrada a la comarca, a la vez
que uno de sus miradores mas bellos. Este castillo, conocido como Marmionda
por sus vecinos, tiene un panorama visual tan amplio que comunicaba, de
norte a sur de la provincia, otros de Sierra de Gata y Coria con los más
cercanos a Cáceres.
No lejos de Portezuelo, por carretera o por atractivos caminos rurales,
podemos llegar a Pedroso de Acim, en el que encontramos el convento del
Palancar. Es la expresión y símbolo de la reforma franciscana,
donde su fundador, San Pedro de Alcántara, quiso dejar lo más
evidente : la pobreza de su muros y sus dimensiones lo hacen una obra
única, el más pequeño de la cristiandad.
Encontramos iglesias de buena factura en Montehermoso, Torrejoncillo
,con
valiosos retablos como es el caso de Guijo de Coria; elegantes en Pozuelo
de Zarzón, rurales en Morcillo, Portaje, Casillas de Coria o Casas
de D. Gómez, y numerosas ermitas, generalmente pequeñas
y encantadoras abundantes en Torrejoncillo (donde existen cuatro); representaciones
importantes también en Guijo de Galisteo, Calzadilla o Pozuelo
de Zarzón; desatacar el caso de la original ermita de Nuestra Sra.
de Argeme (Coria) que no se deja eclipsar en encanto por la majestuosidad
de la Catedral.
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