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La especie principal que forma estos bosques es el roble
melojo, cuyas hojas lobuladas se secan y caen al final de
la estación fría.
Como acompañantes del roble destacan el serbal de
cazadores, espinos o majuelos, madroños, escobas
y el rusco. 
En el sotobosque de robles abundan diversas especies de
helechos, orquídeas, pajaritos, aguileña,
arenaria, lechetrezna, etc.
Algunas zonas de melojar han sido sustituidas por cultivos
y bosques de castaños, especie también de
hoja caduca que al caer aporta materia para el humus del
suelo.
Su madera y fruto (castañas), son aprovechadas por
los habitantes de la zona. En laderas soleadas prospera
bien el cultivo del cerezo, cuyos frutos son fuente de riqueza
en toda la comarca del Jerte.
Juntos a los cursos de agua aparecen bosques constituidos
por especies que necesitan abundante humedad edáfica.
Las tres especies arbóreas principales de estas ripisilvas
son el aliso, el fresno y el sauce que forman bosquetes
en la márgenes de ríos y gargantas. Son especies
caducifolias que pierden la hoja con la llegada de] otoño.
junto
a ellos aparecen otros árboles que por su escasez
constituyen auténticas reliquias botánicas
en la zona.
Entre ellos está el tejo, conífera tóxica,
de la que solo el arilo rojo del fruto puede ser aprovechado
por las aves; el acebo, árbol del que está
prohibido recolectar ramas y frutos, que forman parte de
la alimentación invernal de numerosas aves; y el
abedul, del que quedan escasos ejemplares en la reserva.
De estas tres especies está prohibido la recolección
de sus frutos y la corta o arranque de sus ramas.
Donde los árboles ya no prospera debido a las condiciones
de suelo y clima, aparecen los piornales serranos, matorral
adaptado a condiciones adversas y generalmente con
porte lmohadillado o semiesférico. El
piorno es la leguminosa más abundante en estas formaciones,
siendo de fácil recuperación después
de los fuegos, debido a su carácter pirófilo.
Más escasos son los cambriones, el enebro rastrero
y el codeso alpino.
En las zonas de las cumbres serranas, especialmente
en la Garganta de la Serrá, se forman pastizales
alpinos dominados por el alpe o cervuno. junto a ellos podemos
encontrar especies como las gencianas, vedegambre y azafrán
serrano. En los trampales encharcados que se forman aparece
el brezo de bonal y la insectívora drosera o rosolí.
Desde el valle hasta las cumbres serranas encontramos multitud
de hábitats que han sido aprovechados por un sinfín
de especies animales adaptadas a ellos.
Entre los invertebrados hemos de destacar las frecuentes
mariposas diurnas y nocturnas, así como un coleóptero
de notable tamaño y belleza, el ciervo volador, cuyos
machos entablan feroces combates con sus apéndices
cefálicos o cuernos.
El agua es un elemento principal en la zona y a ella están
ligados
los ciclos biológicos de muchas especies. Entre los
peces hay que destacar a la trucha común, sin duda
el pez más característico de estos ríos
y arroyos serranos. Algunos anfibios abundantes son los
tritones, salamandras, sapo común, partero, rana
común y patilarga. Algún reptil también
se encuentra junto al agua como el galápago, el lagarto
verdinegro, que prefiere los arroyos serranos y la culebra.
En los prados serpentea el eslizón tridáctilo,
mientras que es muy escasa la víbora hocicuda.
El grupo de las aves está ampliamente representado.
El bello mirlo acuático es capaz de sumergirse en
el agua para capturar insectos, mientras en el robledal
resuena la voz del arrendajo. Oropéndolas, abubillas
y rabilargos, también se dejan ver y oír entre
la arboleda. La abundancia de la cigüeña y su
compañera, la rara cigüeña negra que
también anida en la comarca, aunque cada vez es más
escasa su presencia. 
Abundantes son aún las siluetas de algunas rapaces
como milanos y ratoneros. En el roquedo encuentran refugio
buitres leonados, búhos reales.Pero las reinas de
las cumbres son las águilas reales y perdiceras,
cuyas siluetas aún sobrevuelan estos valles y sierras.
Aún es posible observar a los veloces halcones, mientras
gavilanes, azores y halcón abejero prosperan entre
la frondosa arboleda.
Y entre los mamíferos hay notables rarezas. El mítico
lince, que es el felino más amenazado del mundo,
utiliza esta zona como corredor entre las poblaciones asentadas
de los parajes limítrofes.
Gatos monteses y ginetas también dejan rastros y
huellas de su silenciosa presencia. Poco conocido, el desmán,
es un mamífero de costumbres acuáticas que
suele pasar desapercibido para la mayoría de los
visitantes.
Dos mamíferos cuyas poblaciones están en aceptable
estado de conservación son la nutria y la cabra montesa.
El agua es el medio natural de la nutria, especie lúdica
que dedica buena parte de su tiempo corretear con sus congéneres.
Entre los piornales, cervunales y cumbres habita la cabra
montesa, aunque las nieves invernales hacen que descienda
hasta los protectores bosques. Ambos sexos poseen cuernos,
estando estos mucho más desarrollados en los machos,
que los utilizan en las luchas del periodo de celo (noviembre
- diciembre). |